Quiénes somos

La Asociación Servicio Capuchino para el Desarrollo y la Solidaridad – SERCADE es la entidad que gestiona la obra social de los Capuchinos de España. Nuestro cometido es acompañar la pastoral de los hermanos allá donde estén desarrollando acciones e intervenciones con los colectivos excluidos. En nuestra web aparece información de los programas de intervención que desarrollamos. Puedes visitarla aquí.

Por qué esta web

Fruto de una larga reflexión interna, hemos sido conscientes que la intervención social en si misma, más allá del valor de ayuda que ofrece a quien lo necesita (que es ya de por si un valor fundamental), carece de impacto global. La SOLIDARIDAD; elemento fundamental de nuestro ideario, se entiende por el RECONOCIMIENTO de la realidad y del sufrimiento que la desigualdad que la asola provoca; y de nuestra capacidad de UNIVERSALIZAR las causas de dicho sufrimiento. Es decir… nos falta reflexión sobre lo que hacemos y sobre el mundo al que pretendemos aportar.

Y esa reflexión no la podemos hacer más que desde nuestro ideario, desde la espiritualidad franciscana que es razón de ser de nuestra entidad y desde los valores que tenemos. Dichos valores, no por ser universales y ecuménicos, se enraízan en una forma particular, la que San Francisco de Asís defendió en su vida y la que viene a materializar el evangelio de Jesús.

Qué proponemos

Proponemos ir construyendo un espacio de reflexión sobre la realidad que rodea a los programas de intervención de SERCADE, a nuestra población beneficiaria, a los dilemas que acometemos diariamente y a noticias y sucesos que sean contexto de donde estamos. Lo haremos poco a poco, porque somos humildes, pequeños.

Y esperamos también hacerlo contigo. Cuantos más nos sumemos a la reflexión, el resultado será más rico y útil para todos. Puedes contactar con nosotros a través del formulario o en los datos de contacto de esta página.

La razón del título

“Los motivos del lobo” es una referencia al poema del mismo nombre escrito por Rubén Darío, escritor nicaragüense y que se refiere al pasaje de las Florecillas de San Francisco en el que Francisco logró domesticar a un lobo que aterraba a la región de Gubbio.

El poeta nicaragüense, cuyo texto podéis encontrar en el siguiente enlace, reelabora la fábula en sus versos destacando algunos aspectos que son fundamentales en el objetivo de este lugar:

  • Tenemos la certeza de que este mundo dicotómico (pobres y ricos, buenos y malos, creyentes y ateos, musulmanes y cristianos, hombres y mujeres, etc.) debe encontrarse. La tradición misionera de la Orden Capuchina nos demuestra que en las fronteras las etiquetas sirven de poco y tu labor solamente se define en tu capacidad de ceder terreno para aproximarte al otro. Domesticar al lobo es mucho más que hacerlo callar… es poner el amor en la alambrada que nos divide, es acoger con valentía a quien no comprendo para dejarme enriquecer por la fuerza de la fraternidad.

“He aquí una amable caza.

El hermano lobo se viene conmigo;

me juró no ser ya vuestro enemigo,

y no repetir su ataque sangriento.

Vosotros, en cambio,daréis su alimento

a la pobre bestia de Dios”

 

  • -No montamos una asociación para hacer lo mismo que el resto. Hay ONGs como setas y muchas de ellas mejores que nosotros en términos de eficacia, eficiencia, etc. Si actuamos es porque creemos poder ofrecer algo especial en nuestro discurso y que la retórica se plasme en intervenciones amables, comprometidas, etc. Por ello creemos que sin Francisco el lobo vuelve, irremediablemente, a la montaña. Él es nuestro discurso.

Un día, Francisco se ausentó.

Y el lobo dulce, el lobo manso y bueno,

el lobo probo, desapareció

 tornó a la montaña,

y recomenzaron su aullido y su saña.

 

  • Si alimentamos el mundo de odio cosecharemos ira. Y por ello insistimos en querer abrir una ventana desde la que encontrar ingredientes que resuenen dignidad, fraternidad, ecología, minoridad, etc.

Hermano Francisco,

yo estaba tranquilo allá en el convento,

al pueblo salía, y si algo me daban

estaba contento y manso comía.

Mas empecé a ver que en todas las casas

estaban la Envidia, la Saña, la Ira,

y en todos los rostros ardían

las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira.

Hermanos a hermanos hacían la guerra,

perdían los débiles, ganaban los malos,

hembra y macho eran como perro y perra,

y un buen día todos me dieron de palos.